Quiero empezar este blog contando mi historia, todos los pasos que he dado hasta llegar aquí. Han sido bastantes y la verdad es que el camino ha estado lleno de altibajos y más retrocesos de los que me gustaría aceptar. Voy a intentar ser clara y concisa porque la historia de una vida puede ser contada en una vida.
Desde pequeña he ejercitado la imaginación y de hecho, ha sido algo con lo que he tenido que luchar y que ha sido un gran refugio en mis momentos más obscuros sin saber el poder que trae la imaginación. Recuerdo haber hecho bolitas de energía con mis manos y jugar con ella, nada extraordinario creo que todos los niños podemos hacerlo. Creí al norte de México en una ciudad pequeña; mi familia es de la Ciudad de México, lugar que ahora siento mi hogar. Me criaron en un hogar ateo, casi hasta la violencia, pero mi ambiente era muy religioso aunque muy poco espiritual. Esto me ayudó de muchas maneras, no tuve un precedente sobre la espiritualidad, ni un condicionamiento profundo sobre la ritualidad, entre muchas otras cosas que ya irán descubriendo de mí.
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Durante mi adolescencia me interesé por las culturas mesoamericanas, las pertenecientes al valle de México; les seguí la pista y aprendí un poco de náhuatl. Lo maravilloso de haber aprendido un par de palabras y frases, me abrió la mente a la posibilidad de entender la vida de otra manera. Que nosotros pensamos con palabras y eso hace que entendamos las cosas como son y no de otra manera. Sé que suena muy obvio pero fue un gran momento en mi vida, ya que me mostró que las cosas podían verse de otra manera.
Durante este tiempo me encontraba muy triste, la tristeza había llegado a mi vida y de verdad se comió todas mis emociones. Podía sentirme de cualquier manera pero siempre me sentía triste. En la búsqueda por dejar de sentirme así, llegó a mi la marihuana que me enseñó muchísimas cosas hasta que se convirtió en una adicción. No creo que todos lo que la consumen sean adictos pero en mí se convirtió en adicción, había cosas que no podía hacer sin ella (osea todas) y la abstinencia era terrible. Antes de que se convirtiera en un problema fue una gran maestra, aprendí cosas de mi que no sabía que existían, dejé ir la tristeza que me consumía por dentro y me dió una confianza que no tenía hasta ese momento. En el periodo en el que la dejé, que fue bastante tortuoso en mí, lo único que ayudó era el conocimiento espiritual, sobretodo de las civilizaciones del continente.
En los años que siguieron empecé a hacer yoga, que ha permanecido en mi vida por etapas. Después, mi mamá enfermó y en el viacrucis hacia su recuperación nos dedicamos, como familia, a intentar cosas nuevas. Descubrimos compuestos químicos, meditaciones, rutinas, alimentos, muchas cosas nuevas; y en mi caso me dejó con mucha información sobre programar tu mente y ejercicios mentales. Lo cual ha sido una maravillosa ayuda en momentos de obscuridad.
Al paso del tiempo, las cosas siguieron su curso hasta que, un día haciendo la fila en las cajas del súper había una oferta en libros diversos, donde encontré dos libros que compré: el arte de la guerra de Lao Tse y el libro de oro de Saint Germain. Y ese fue un regalo de Dios. El libro de oro, dijo las cosas que hicieron que todo tuviera sentido, de alguna manera, todo lo que había investigado, experimentado y vivido se unió y cobró sentido. Durante este periodo empecé a escribir diario, de todos los temas, formas y posibilidades, se convirtió en un ritual que podía ser muy profundo y liberador.
Y así han pasado años en los que cada vez he abierto más mi vida a conocimiento espiritual, ancestral y muy poderoso, tal vez no para considerarme un gurú pero sí para darme una luz en mi camino. Y así es que llega este nombre, porque siempre he sentido que éste es un camino, algunos lo llaman del guerrero o a la iluminación; pero para mí es el camino a una vida plena y poderosa.
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