Nuestro cuerpo es el vehículo que traduce el exterior a partir de los sentidos enviando impulsos a nuestro cerebro y nuestra mente los descifra, por ejemplo al despertar, vemos una luz, una superficie plana, etcétera. Nuestra mente entiende que despertamos, que la luz es la luz del sol, que la superficie es la del techo o la pared, que estamos en nuestra cama y de seguro, después vendrán los pensamientos del día anterior, aunque abordaremos eso en otro momento.
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Podemos entender al cuerpo a partir de dos partes, la consciente y la inconsciente. Conscientemente decidimos mover al cuerpo, hacer ejercicio, comer o dormir; e inconscientemente nuestro cuerpo digiere, respira, absorbe nutrientes, etcétera. La conexión entre nuestro cuerpo y nuestra mente es casi inmediata y además es un reflejo del Universo, los Hopis suelen decir que lo que es arriba es abajo. Nuestro cuerpo está hecho de miles de células, huecos, vida; así como el Universo, es por esto que las fotografías de las estrellas se parecen a los neuronas o a las pupilas de nuestros ojos, y así hay muchos ejemplos.
Así, nuestro cuerpo es el universo en el que habitamos y del que somos responsables, no sólo en lo que consumimos, también en lo que pensamos. Nuestro cuerpo tienen una voz para comunicarse con nosotros, sus sensaciones. Sentirnos incómodos, tener dolor en alguna parte del cuerpo, sed o sueño; son maneras de comunicar que vamos por buen camino o por mal camino. Y básicamente que nuestra vibración es idónea para lo que queremos o necesitamos en la vida. La voz del cuerpo es mucho más sabia de lo que le damos crédito.
Nuestra mente está hecha, también, de varias partes. La manera más fácil y concreta de entenderla es como consciente e inconsciente. Consciente es esa parte a la que llamamos con nuestro nombre, es la persona con la que generalmente nos identificamos y de la que hablamos cuando nos describimos; solemos hablar de nuestra profesión o nuestros gustos como identidad de lo que somos. Pero nuestro consciente es sólo la herramienta que usamos para relacionarnos con el exterior, es el ‘personaje’ que hemos creado a partir de nuestro pasado y de lo que hemos aprendido del exterior, por experiencia o repetición. El consciente es una herramienta muy útil y que no debe ser ignorada ya que es con ella con la que experimentamos la vida y con la que nos relacionamos; sólo hay que darle su dimensión de ‘personaje’ no de identificador.
El inconsciente es la memoria de todo lo que nos ha pasado, nos demos cuenta o no, lo recordemos o no. Es una base de datos a la que podemos acceder y la que suele controlar al consciente ya que el mundo emocional está muy relacionada a esta parte de nosotros. Digamos que es el piloto automático, es útil pero siempre será mejor manejar nosotros. El inconsciente responde rápidamente a las situaciones, hay quienes le llaman la mente primitiva o animal, y es porque se le atribuye la responsabilidad de dar las órdenes para que se hagan todas las cosas del cuerpo inconsciente como respirar, digerir o bombear la sangre. Y aunque controla todas las labores vitales y algunas emocionales nosotros también podemos controlarlas, como los buzos que bajan sus latidos del corazón para no consumir tanto oxígeno. La manera de estar ‘al mando’ es mantenernos presentes y practicarlo el mayor tiempo posible; mantenernos alertas de lo que sucede a nuestro alrededor y del fluir de nuestros pensamientos.
Ni la mente consciente ni la inconsciente es más fuerte que nosotros, nosotros somos los que la pensamos o el lugar en el que se piensa, sé que suena algo raro o ilusorio pero si lo comparamos con el universo, las estrellas, los planetas y galaxias están en el espacio, eso es lo que somos nosotros, ese espacio en el que suceden los pensamientos, situaciones, emociones. Cuando un pensamiento nos obsesiona es porque le prestamos atención, porque enfocamos toda nuestra energía en él y éste crece hasta ocupar toda nuestra mente; y nos hemos acostumbrado a identificarnos con nuestros pensamientos, muchas veces es ahí donde vivimos no en todo lo que somos, cuerpo, espíritu, emoción y mente. Nos hemos acostumbrado tanto que incluso justificamos nuestras ideas con frases como ‘así es’, ‘es la realidad’ o ‘así soy’ cuando nos referimos a algo de nuestro personaje, sin entender el poder que tenemos sobre lo que pensamos, sentimos o vivimos; y sin entender que estas son sólo ideas y como tal pueden cambiar a nuestra orden, porque son herramientas a nuestra disposición, no al revés.
Esta es solo la primera parte de la respuesta a ¿Qué somos?, esto me ha ayudado mucho a enfrentar lo que sucede desde un lugar mucho más presente y a poder manifestar emociones que realmente quiero en mi vida y que no están ahí solo por que sí.
Escuchen el podcast sobre el tema aquí:

